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INFLUENZA
Irma López Martínez
Laboratorio de Virus Respiratorios, InDRE
Los virus
de influenza forman parte de la familia de los
ortomixoviridae. Las partículas virales o
viriones son pleomórficos. Pueden ser partículas
esféricas y medir de 80 a 120 nm o tener forma
de filamentos con un tamaño mayor. La envoltura
viral esta formada por la membrana plasmática de
la célula hospedero y contiene proteínas virales
tales como neuraminidasas (NA), hemaglutininas
(HA) y proteínas llamadas de matriz. En el
interior de la partícula viral hay una esfera o
nucleocápside con un diámetro de 9 a 15 nm
formada por la proteína viral M1 y contiene el
genoma viral.
Con base
en sus características moleculares e
inmunológicas, los virus de influenza se
clasifican en tipos A, B, y C. La
subtipificación del virus de influenza tipo A se
hace con sueros específicos capaces de
distinguir las diferentes variantes de la
hemaglutinina y la neuraminidasa. No se hace la
subtipificación de los tipos virales B y C. Para
llevar a cabo subclasificaciones más detalladas
y análisis filogenéticos se requiere secuenciar
y construir cladogramas.
Composición molecular.
El genoma viral es de RNAde cadena sencilla, de
sentido negativo (es el molde a partir del cual
se sintetiza el RNA mensajero viral). Los virus
de influenza tipos A y B poseen 8 segmentos de
RNA, los tipo C 7. Cada segmento de RNA está
asociado a varias nucleoproteínas que impiden la
formación de estructuras secundarias, y a una
RNA polimerasa, por sus extremos 5´y 3´. Cada
segmento codifica para un polipéptido, con
excepción de los segmentos denominados M y NS.
(Cuadro 1)
Cuadro
1. Composición molecular del virus de
Influenza
Replicación.
La infección viral se inicia con el enlace de la
HA a un receptor de membrana que contienen
residuos terminales de ácido neuramínico. El
virus se internaliza en un endosoma y
posteriormente las ribonucleoproteinas se
liberan en el citoplasma. Subsecuentemente,
estas pasan por los poros nucleares al núcleo
para la transcripción (síntesis de RNA mensajero
viral) y la replicación que son mediadas por la
RNA polimerasa viral. La síntesis de las
proteínas virales la lleva a cabo la célula. Los
componentes proteicos necesarios para la
formación de las ribonucleoproteínas y la
nucleocápside se exportan al núcleo celular. Las
proteínas virales de la envoltura se transportan
y modifican en el aparato de Golgi para
finalmente ser insertadas en la membrana
celular. El ensamblaje final de la partícula
viral es un proceso no bien comprendido. La
liberación de la partícula viral produce lisis
celular.
Transmisión.
La influenza se transmite de persona a persona
mediante gotitas de saliva producidas al toser o
estornudar, las cuales al ser inhaladas
depositan un inóculo infeccioso en el epitelio
de las vías respiratorias, o bien por contacto
con manos o superficies contaminadas. Se
considera como periodo de incubación desde la
exposición hasta el inicio de la enfermedad y
varia de 1 a 4 días dependiendo de la magnitud
de la dosis viral del inóculo y el estado inmune
del hospedero. El periodo infeccioso se debe a
la diseminación del virus y comienza un día
antes de la aparición de los síntomas, llega al
máximo en 24 horas, se mantiene durante 1 ó 2
días y declina con rapidez.
Patogenia.
Una vez que los virus se han implantado en el
epitelio de las vías respiratorias comienzan a
replicarse y diseminarse en el tracto
respiratorio, causando la descamación de las
células ciliadas y de las células secretoras de
moco. La multiplicación viral lleva a la lisis
de estas células con la liberación de antígenos
virales que atraen a macrófagos y a linfocitos.
La liberación de mediadores humorales de
inflamación como la interleucina-1 por los
macrófagos da como resultado fiebre. Es probable
que el interferón cause dolores musculares
difusos y fatiga, los mediadores de la
inflamación producen vasodilatación y edema en
la nariz, lo que provoca obstrucción y rinorrea;
la irritación provocada por los restos virales y
celulares estimula la producción de moco. El
daño ocasionado por la lisis de células del
epitelio respiratorio favorece la colonización
de bacterias tales como Staphylococcus aureus,
Streptococcus pneumoniae y Haemophilus
influenzae que pueden producir neumonía.
Cuadro
clínico.
La enfermedad tiene un inicio súbito, fiebre
mayor de 38°C, postración, cefalea, mialgias,
tos seca y manifestaciones nasales como
estornudos, rinorrea y obstrucción aérea, con
inflamación faríngea. La fiebre declina al
segundo o tercer día de la enfermedad, al ceder
la fiebre los síntomas respiratorios pueden
exacerbarse, la tos y la rinorrea pueden ser más
intensos. Cuando se resuelven la mayoría de los
síntomas, la tos y la debilidad pueden persistir
hasta una semana más. Las complicaciones que se
pueden observar son neumonía bacteriana
secundaria, neumonía viral primaria y neumonía
mixta, viral y bacteriana. Las complicaciones
extrapulmonares incluyen el síndrome de Reyé,
miositis, encefalitis y manifestaciones
neurológicas inespecíficas. Las formas severas
de la enfermedad son causadas por los tipos A y
B, mientras que el tipo C causa infecciones
subclínicas durante la infancia.
Hospederos.
Además del ser humano, el virus de la influenza
tipo A se puede encontrar en ballenas, cerdos,
caballos, aves silvestres y aves de corral.
Existe la posibilidad del contacto entre estas
especies, y gracias a la capacidad que tienen
los virus de influenza para combinarse entre
ellos, se puede obtener una variedad antigénica
diferente. Los virus de influenza tipo B y C
sólo se presentan en seres humanos
Diagnóstico de laboratorio.
El diagnóstico presuntivo de influenza se
establece con base en signos y síntomas. El
diagnóstico definitivo requiere de la
demostración de antígenos virales por métodos
inmunológicos. La presencia de anticuerpos
específicos solo tiene valor diagnóstico si el
título de anticuerpos es 4 veces mayor al título
basal obtenido en muestras de individuos sanos
con la misma técnica y en el mismo laboratorio.
Las muestras biológicas requeridas para el
diagnóstico pueden ser: exudado faríngeo,
nasofaríngeo, gargarismo, lavado broncoalveolar
o suero. La muestra debe tomarse en las primeras
72 horas de iniciado el padecimiento y
mantenerse a 4°C. El diagnóstico puede requerir
también el aislamiento del virus por cultivo en
líneas celulares o en embrión de pollo. Las
técnicas utilizadas para la identificación son
la inmunofluorescencia indirecta o directa y la
inhibición de la hemaglutinación. La
demostración de la presencia de acidos nucléicos
virales por la técnica de RT-PCR es un método
muy rápido y sensible para el diagnóstico.
Tratamiento.
Actualmente el tratamiento incluye drogas
antivirales, como la rimantadina, la amantadina
y la ribavirina que son muy eficaces, ya que
reducen la intensidad de los síntomas, si son
administradas dentro de las primeras 48 horas de
iniciada la infección. Estas drogas se usan en
casos de influenza severa ya que presentan
algunos efectos secundarios indeseados. Para
contrarrestar las molestias de la influeza
existen diversos medicamentos paliativos como el
ibuprofeno para el dolor muscular, el
acetaminofén para la fiebre y la aspirina que
mejora el estado general de los pacientes.
Ante
casos de influenza de origen porcino, se
sugieren
Epidemiologia.
En el siglo XX se presentaron varias pandemias
de influenza, las más importantes fueron la
influenza española (1918-1919), la influenza
asiática (1957-1958) y la influenza de Hong Kong
(1968-1969). Cabe mencionar que la pandemia de
1918, que se presentó al final de la primera
guerra mundial, ocasionó más muertes que la
guerra misma (más de 20 millones). Sin embargo
no fue sino 15 años después cuando se logró el
primer aislamiento de virus de influenza tipo A,
en 1936 el del tipo B y hasta 1950 el
aislamiento del tipo C. La influenza es
importante sobre todo en los grupos de alto
riesgo, que incluye a niños, personas mayores de
65 años o con enfermedades inmunes y/o
metabólicas. En estos grupos se observa la mayor
tasa de mortalidad. Sin embargo, esto no quiere
decir que el resto de la población esté exenta
de sufrir la enfermedad, la mayor morbilidad se
presenta en adolescentes y adultos jóvenes. La
influenza esta relacionada con el invierno, en
el hemisferio norte se presenta de noviembre a
abril y en el hemisferio sur de mayo a octubre.
En áreas tropicales puede haber un patrón
bimodal o bien no presentar estacionalidad.
Prevención y control.
Existen dos medidas disponibles que pueden
reducir el impacto de influenza. La
quimioprofilaxis que depende de fármacos y la
inmunoprofilaxis que emplea vacunas. Para la
quimioprofilaxis se utilizan dos medicamentos,
la amantadina y la rimantadina, ambos
interfieren con la replicación del virus de
influenza tipo A con una eficacia de 70 a 90% y
reducen la severidad y duración de los signos y
los síntomas de la influenza cuando se
administran durante las primeras 48 horas de su
inicio.
Vacuna.
En la actualidad la vacuna usada es trivalente
ya que contiene dos cepas de influenza tipo A
(H1N1, H3N2) y una cepa de influenza B. La
vacuna es de aplicación anual ya que la
elaboración de esta vacuna varía año con año
debido a los cambios antigénicos de los virus.
Para la temporada de 2000-2001 las cepas
vacunales son: A/Panama/2007/99 (H3N2), A/New
Caledonia/20/99(H1N1) y B/Yamanashi/166/98.
Independientemente del tipo de las cepas existen
dos tipos de vacunas: la inactivada, que puede
ser de dos tipos, con el virus completo que es
más inmunogénico y reactogénico y otra que
contiene al virus fraccionado, que aunque tiene
buena inmunogenicidad, es menos reactogénico. Su
administración es principalmente por vía
intramuscular. El segundo tipo de vacuna es la
atenuada, la cual se obtiene a partir de varios
pases en cultivo celular o por un rearreglo
genético con una cepa menos patogénica (A/Ann-Arbor/6/60
(H2N2). Su administración es por vía oral o
intranasal y actualmente se encuentra en proceso
de evaluación. En el hemisferio norte se debe
vacunar en octubre y hasta mediados de noviembre
y en abril y mayo en el hemisferio sur.
Grupos
prioritarios de vacunación.
Personas mayores de 65 años de edad, residentes
de casas de ancianos y de cuidados crónicos,
niños y adultos con enfermedades crónicas cardio-pulmonares,
personas con enfermedades metabólicas crónicas,
incluyendo diabetes, enfermedades renales,
personas con hemoglobinopatías o inmunosupresión.
Menores con tratamiento de larga duración con
aspirina y con riesgo para desarrollar el
síndrome de Reyé y mujeres con embarazo
posterior al primer trimestre.
Eficacia de la vacuna.
La eficacia depende de la edad e
inmunocompetencia de la persona vacunada y del
grado de similitud entre las cepas que se
encuentren circulando con las que están
incluidas en la vacuna usada. Para adultos
jóvenes y niños la eficacia es del 70%, para
ancianos viviendo en comunidad es eficaz
previniendo hospitalización por neumonía en un
70% y para ancianos viviendo en asilos es del 50
al 60% para prevenir hospitalización y 80% en
prevenir muerte.
Reacciones adversas de la vacuna.
Si la persona vacunada es alérgica a la albúmina
de huevo se puede presentar choque anafiláctico.
Hay reacciones locales a la vacunación como
dolor, enrojecimiento e induración del sitio,
las cuales tienen una duración de dos días. Las
reacciones sistémicas incluyen fiebre, malestar,
mialgia, urticaria, angiedema, anafilaxia, las
cuales se presentan entre 8 y 16 horas después
de la aplicación de la vacuna.
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